El futuro de la energía solar fotovoltaica

Qué duda cabe que, pese al parón sufrido por las energías renovables derivado de la crisis económica acaecida, la energía solar está de moda: pero no por sus beneficios ni por las bases científicas que la sustentan, sino por motivos jurídicos que regulan su posible autoconsumo, litigios internacionales por ayudas prometidas y suspendidas o por el abandono por parte del presidente de estados unidos, Donald Trump, del acuerdo sobre el clima firmado en 2015 en parís.

Pese a las dificultades podemos estar contentos con el hecho de que los paneles fotovoltaicos se han instaurado con fuerza y países de la importancia de China, Japón o Alemania están apostando muy fuerte por esta energía limpia con un crecimiento de instalaciones sencillamente impresionante.

Pese a los beneficios de lo expuesto, hay barreras que la tecnología debe romper en favor de este modelo tecnológico tan saludable. Como por ejemplo la necesidad de una superficie tan basta de paneles fotovoltaicos para la producción de este tipo de energía o la necesidad de aumentar su capacidad productiva para que a través de esta tecnología se pueda prestar una distribución masiva. Sin olvidar la obvia mejora de su rentabilidad para que haya proyectos viables más allá de los lógicos beneficios ecológicos que conllevan.

Por último quisiéramos destacar la necesidad de crear un plan a largo plazo que permita a los futuros inversores contar con unas reglas del juego claras y que les faciliten apostar por un modelo de negocio que ha de demostrar que puede ser tal, es decir, un negocio.